Exodus

El Exilio del Pensamiento

            Del “madre aquí estoy; de mi destierro vengo” de Pérez Bonalde; al “me iría demasiado” de Caracas Ciudad de Despedidas. Expresiones distintas. Una denota el dolor de la separación; la otra el desapego. Pero ambas responden a una misma realidad. Venezuela es la tierra del exilio y los exiliados.

 Aquí vinieron en sus orígenes los españoles expulsados o perseguidos. Esos que nada tenían en su tierra y vinieron a ganarlo todos en esta.  Es este mismo el país de donde emigró la población estudiantil que se le reveló a Gómez. El mismo país de donde se marcharon tantos pensadores por causa de los gobiernos y caudillos de turno. Bolívar, Páez, Guzmán  Blanco, Cipriano Castro, Vargas, Medina Angarita; todos ellos murieron fuera de Venezuela.

Hoy en día hay una situación nacional que genera apatía. Los jóvenes experimentan un desapego para con su patria natal. Tanto así, como para sacar un video donde se expresa dicho sentimiento. Muchos criticaron el “me iría demasiado” pero pocos se sentaron a pensar en su trasfondo. Pocos recordaron en ese momento que hay más de 120.000 profesionales venezolanos emigrados a España. Pocos recordaron que muchos de nuestros autores, periodistas  o personalidades prefieren vivir fuera del país.

Cuestionamos al que se marcha, en vez de criticar y discernir que demonios estamos haciendo mal, qué carajos es lo que hace que tantas personas prefieran marcharse. Y aquí caemos en el punto que realmente interesa en este escrito: ¿estamos pensando?, ¿o es que el pensamiento se ha ido con los médicos, abogados, empresarios y estudiantes?. Quizás así sea.
            
           ¿Que es lo que vemos en Venezuela?. Si nos preguntan esto es muy probable que respondamos con palabras como: subdesarrollo, falta de diálogo, apatía, crisis, entre muchas otras. Todo ello se sintetiza en algo simple: nosotros, los venezolanos, hemos dejado de pensar.

Ahora bien, no se tomen el verbo pensar a la ligera. Cualquiera con un mínimo de facultades puede sumar, restar, escribir medianamente decente; pero esto no es a lo que nos referimos aquí. Hacemos referencia a pensar en el sentido de ser crítico, de analizar y actuar en base a ello. Pensar en la más pura y refinada expresión del concepto, comparar y entender distintos puntos o criterios. Esa capacidad, parece haber sido desterrada del pensamiento colectivo del venezolano.  El fanatismo ideológico de algunos, la obcecación pragmática de otros. La decadencia científica del país y la falta de criterio al actuar; todo evidencia esa ausencia, la falta del razonamiento.

Desde luego, no existen absolutos. Y por eso los grupos humanos para los que el pensamiento es esencial, para los que el criterio es esencial; comienzan a sentir apatía para con el país. Una suerte de vacío que se extiende y trasciende los vínculos, la nacionalidad y hasta a la propia historia.  Ya lo decía Cabrujas: “este es el país del por si acaso y mientras tanto”. En Venezuela todo es un éxodo constante. Puentes militares provisionales, se vuelven permanentes. Pocos son los grandes monumentos y edificaciones que denotan nuestro deseo de permanecer aquí hasta el final. En este país, la ciudadanía se cuestiona su propia existencia.

Con tal realidad, con tanto desapego, con tan pocas posibilidades, muchos, entonces se preguntan: ¿Vale la pena quedarse?, y probablemente la mayoría se encuentran con “no” como respuesta. El punto es que gran parte de los universitarios ya se han marchado del país con miras a un mejor futuro, pues entienden que aquí no podrán desarrollarse a plenitud y su calidad de vida se verá malograda. Continúa la duda, ¿tiene el país la capacidad de despuntar realmente, o seguirá exportando su talento al exterior?
Pareciera que existe un vació cultural, histórico y hasta sentimental, no hay apego hacia la tierra, la idiosincrasia quedó de lado y el fervor nacionalista de amor a la patria se convirtió en un slogan desgastado que la gente ni cree, ni entiende. ¿Por qué no apoyar a nuestro talento?, estamos cansados de ver a los entes públicos vanagloriarse por los logros que diversos venezolanos tienen en muchas áreas: científicas, musicales, literarias, etc. Pareciera que somos tan estúpidos que valoramos más la  opinión de un extranjero que la nuestra. Es triste, pero se podría pensar que estamos porque estamos, nos tocó nacer en este pedazo de tierra y hay que afrontarlo, pero a la menor oportunidad de irnos no lo pensaríamos, viendo a Venezuela como un estadio de crecimiento transitorio pues nuestro futuro se encuentra en otro lugar.
Los que no poseen los recursos para irse, probablemente criticarán impregnados de rencor, envidia y prejuicios a los sí pueden marcharse, exiliándose así en el resentimiento y la superficialidad. Sin saber que sólo se centran en lo más circunstancial del asunto: la fuga de cerebros; y puesto que no comprenden eso, no logran siquiera ver cómo su país va directo a la ruina. Eso es lo realmente terrible del asunto.
Otra interrogante que surge es, una vez afuera; ¿volveremos de nuevo a la nación?, a fin de cuentas, la mayoría no se consideran visionarios con una carga histórica al estilo de Bolívar, Miranda, o algún otro prócer. No tienen objetivos que te hagan volver. Al respecto la reflexión es simple para muchos: lo que yo pueda aportar seguramente no serviría para nada. Duele admitirlo, pero no son pocos los que así piensan. ¿Es patético? No sabríamos responder. Como diría Ortega y Gasset: “el hombre es él y sus circunstancias”. No es nuestro trabajo juzgar, pero lo que si podemos decir es que tal postura responde a un quietismo. A un miedo de tomar la responsabilidad por el bienestar de tu nación; pero la verdad, es que muchos dentro de este grupo humano (que reflexiona y mantiene el pensamiento en Venezuela) tienen hoy día gira alrededor de circunstancias y dilemas similares.


Lo cierto del caso es que al describir este hecho nos introducimos en una estado laberíntico. Ello se debe a que se contrasta una situación que confronta nuestros valores morales, sociales e incluso espirituales. Se trata de un tema que toca aspectos muy íntimos de nuestro ser y refleja el interior de éste. Un drama existencial: ¿Qué somos? y ¿a dónde vamos?. Después de todo, si decantáramos por no volver al país seríamos unos exiliados que no tienen un lugar al que puedan llamar propio, un lugar que consideren su hogar. ¿Perderíamos el vínculo de amor histórico?